Los riesgos de la dieta BARF existen y hoy los vamos a analizar uno a uno.

La dieta BARF se ha convertido durante los últimos años en una de las alternativas más conocidas dentro de la alimentación natural para perros.

Para algunos propietarios representa una forma de acercarse a una alimentación basada en alimentos frescos y poco procesados.

Pero hay algo que conviene aclarar desde el principio:

BARF no es sinónimo de alimentación natural perfectamente equilibrada.

Es simplemente un determinado enfoque dentro de la alimentación basada en alimentos crudos.

Y como cualquier otra forma de alimentar a un perro, tiene ventajas, inconvenientes y riesgos que debemos conocer.

En BulldogTribe no somos demasiado partidarios de los extremos.

Después de muchos años alimentando a nuestros propios Bulldogs y estudiando nutrición canina, creemos que el objetivo no debería ser seguir una etiqueta porque esté de moda, sino construir una alimentación que sea segura, completa y adecuada para cada perro.

Porque existe entre los riesgos de la dieta BARF uno mucho más importante que discutir si la carne debe estar cruda o cocinada: una dieta mal formulada puede ser nutricionalmente inadecuada aunque todos sus ingredientes sean «naturales».

La evidencia disponible sobre dietas caseras y BARF muestra precisamente que los desequilibrios nutricionales son un problema real cuando las recetas no están correctamente formuladas. (pubmed.ncbi.nlm.nih.gov)

Por eso vamos a analizar los principales riesgos de la dieta BARF.

1. Riesgos de la dieta BARF: microbiológico por manipulación

Este es probablemente de los riesgos de la dieta BARF más evidente de cualquier dieta basada en alimentos crudos.

Cuando manipulamos carne cruda en casa debemos aplicar las mismas medidas básicas de higiene que utilizaríamos con otros alimentos crudos destinados al consumo humano.

El problema no es solamente que el perro pueda enfermar.

También debemos considerar que algunos microorganismos pueden estar presentes en los alimentos y que el perro puede convertirse en un vehículo de contaminación dentro del hogar.

Entre los microorganismos que pueden encontrarse en alimentos crudos están bacterias como Salmonella, Campylobacter o determinadas cepas de E. coli.

Y aquí hay una diferencia importante respecto al artículo original: que un perro pueda tolerar determinadas bacterias mejor que una persona no significa que la carne cruda sea microbiológicamente segura.

La WSAVA advierte de los riesgos microbiológicos asociados a las dietas basadas en carne cruda y señala que los perros pueden eliminar determinados patógenos a través de las heces incluso cuando no presentan signos clínicos. (wsava.org)

Por eso la higiene no es opcional.

4 medidas básicas para reducir riesgos de la dieta BARF

1. Compra productos de proveedores fiables.

Utiliza materias primas destinadas a alimentación animal de proveedores que trabajen con controles sanitarios adecuados. Si compras productos comerciales BARF, comprueba quién los fabrica y cómo se conservan.

2. Lávate las manos después de manipular carne cruda.

Especialmente antes de tocar otros alimentos, utensilios o superficies de la cocina.

3. Limpia adecuadamente los utensilios y superficies.

Los cuchillos, tablas, recipientes y comederos deben limpiarse después de utilizarlos.

4. Mantén la carne cruda separada de los alimentos familiares.

No necesitas convertir tu cocina en un laboratorio, pero sí evitar la contaminación cruzada.

Estas medidas son especialmente importantes cuando en casa viven personas pertenecientes a grupos vulnerables.

2. El perro no es inmune a las bacterias

Este es uno de los puntos que más necesitamos corregir respecto a nuestra versión antigua de este artículo.

Es cierto que los perros tienen características digestivas diferentes a las nuestras y que su sistema digestivo está adaptado para manejar determinados microorganismos que podrían resultar problemáticos para las personas.

Pero de ahí a decir que el ácido del estómago «neutraliza» las bacterias de la carne cruda hay una distancia importante.

Los perros pueden enfermar por consumir alimentos contaminados.

Y aunque no enfermen, pueden eliminar determinados microorganismos por las heces y contaminar el ambiente.

Esto es especialmente relevante cuando hablamos de Salmonella.

Un estudio publicado en PLOS ONE, por ejemplo, encontró una mayor presencia de bacterias resistentes a antibióticos en muestras de perros alimentados con dietas crudas frente a otras dietas estudiadas.

Esto no significa que BARF vaya a provocar una infección en todos los perros, pero sí demuestra que el riesgo microbiológico no puede descartarse simplemente porque «el perro tenga un estómago fuerte». (pubmed.ncbi.nlm.nih.gov)

Por eso no utilizaríamos hoy el argumento:

«Al perro no le pasa nada porque tiene un pH de 1-2».

Es demasiado simplista.

El riesgo existe.

3. Cachorros y perros vulnerables: más precaución

No todos los perros tienen las mismas necesidades ni el mismo nivel de riesgo.

Esto es especialmente importante en cachorros.

Durante el crecimiento, una alimentación desequilibrada puede tener consecuencias mucho más graves porque el animal necesita cantidades adecuadas de energía, proteínas, calcio, fósforo, vitaminas y otros nutrientes para desarrollar correctamente huesos y tejidos.

Por eso una dieta BARF improvisada resulta especialmente poco recomendable durante esta etapa.

No es suficiente con pensar:

«Es un cachorro, así que necesita más carne».

Necesita una dieta completa y equilibrada para crecimiento.

Y esto no es una cuestión exclusiva de BARF. También puede ocurrir con cualquier dieta casera mal formulada.

La literatura veterinaria contiene casos documentados de cachorros alimentados con dietas caseras o crudas desequilibradas que desarrollaron alteraciones graves del metabolismo mineral y del desarrollo óseo. (pubmed.ncbi.nlm.nih.gov)

Por eso, si quieres utilizar BARF con un cachorro, nuestra recomendación es clara:

no improvises la receta.

Trabaja con una formulación nutricional adecuada para crecimiento.

4. Riesgo de desequilibrios nutricionales

Este es, probablemente, uno de los riesgos de la dieta BARF  que más nos preocupa cuando alguien empieza con esta dieta sin suficiente conocimiento.

Porque es muy fácil preparar algo que parece fantástico.

Carne.

Huesos.

Vísceras.

Verduras.

Huevo.

Aceite.

Todo parece natural.

Pero una dieta nutricionalmente completa no se consigue simplemente acumulando ingredientes saludables.

El organismo necesita cantidades adecuadas de numerosos nutrientes y, además, las proporciones entre algunos de ellos son importantes.

¿Dónde aparece el problema?

Por ejemplo, una dieta casera puede aportar mucha carne pero quedarse corta en determinados minerales.

Puede tener una relación calcio:fósforo inadecuada.

Puede presentar déficits de zinc, cobre, yodo, vitamina D, vitamina E u otros micronutrientes.

Y añadir un suplemento al azar tampoco soluciona necesariamente el problema.

Un estudio publicado en 2023 analizó diferentes alimentos caseros para perros y encontró múltiples desequilibrios nutricionales, incluyendo problemas relacionados con minerales y con la relación calcio:fósforo.

Los autores concluyeron que este tipo de dietas necesitan una evaluación nutricional adecuada para garantizar su idoneidad. (pubmed.ncbi.nlm.nih.gov)

Por tanto: natural no significa automáticamente completo.

Y esta frase debería estar pegada en la nevera de cualquier persona que quiera empezar con BARF.

5. Huesos: uno de los riesgos de la dieta BARF

Los huesos forman parte de muchas formulaciones BARF.

Y aquí también debemos evitar los extremos.

No es correcto decir que cualquier hueso provocará una perforación intestinal.

Pero tampoco es correcto decir que los huesos son completamente seguros porque «el perro está diseñado para comerlos».

Dependiendo del tipo de hueso, tamaño, dureza y características del perro, pueden existir riesgos como:

  • fracturas dentales;
  • lesiones en la boca;
  • atragantamiento;
  • obstrucciones;
  • estreñimiento;
  • lesiones gastrointestinales.

Además, los huesos no deben utilizarse simplemente como una manera intuitiva de aportar calcio.

La cantidad de calcio y fósforo de una dieta debe estar correctamente calculada.

Por eso, especialmente en perros pequeños, braquicéfalos, perros que comen con mucha rapidez o animales con determinados problemas dentales o digestivos, conviene valorar cuidadosamente si los huesos son apropiados y en qué formato.

6. Congelar no convierte la carne cruda en segura

Este es otro punto que necesita bastante más precisión de la que le dimos originalmente.

Congelar determinados alimentos puede reducir el riesgo de algunos parásitos.

Pero no convierte automáticamente una carne cruda en un alimento libre de patógenos.

La congelación doméstica no debe considerarse un método universal de eliminación de bacterias como Salmonella.

Y tampoco existe una regla sencilla del tipo:

«21 días congelado = todos los parásitos muertos».

La eficacia depende del parásito, la temperatura real alcanzada, el tiempo y las características del alimento.

Por tanto, congelar puede formar parte de un sistema de control del riesgo, pero no debe utilizarse como argumento para asumir que cualquier carne descongelada es microbiológicamente segura.

Además, hay otro detalle que a menudo olvidamos: el problema no termina cuando el perro se come la carne.

El recipiente, las superficies, las manos y el propio entorno pueden entrar en contacto con microorganismos presentes en el alimento.

7. Los riesgos de la dieta BARF no terminan en el perro: también existe para las personas

Este punto merece una sección propia.

Un perro que consume una dieta cruda puede no mostrar ningún síntoma y, aun así, eliminar determinados microorganismos a través de sus heces.

Esto significa que el riesgo potencial no afecta únicamente al animal.

Hay que prestar especial atención cuando en casa viven:

  • niños pequeños;
  • personas mayores;
  • mujeres embarazadas;
  • personas inmunodeprimidas;
  • personas con determinadas enfermedades.

La WSAVA recomienda extremar las precauciones precisamente por este posible riesgo de transmisión de patógenos.